Humanizar la máquina o dejar que la máquina sea máquina.

Es otra de las razones por las que trabajo en el piano. Me desacelera.

(Morton Feldman)¹

 

El otro día en una conversación, hablábamos sobre el contraste entre la naturaleza de los instrumentos tradicionales —los que se han modificado y desarrollado durante siglos— y la de los electrónicos —de invención más reciente. Destacábamos los diferentes resultados obtenibles según la mayor o menor variedad de maneras posibles de interacción efectiva con el instrumento. Entendiendo por efectiva la producción de algo, sean sonidos o silencios.

Hay varias maneras de producir sonidos con la guitarra, por ejemplo: tocando, rasgando, acariciando, golpeando...; lentamente, rápidamente, discontinuamente...; con los dedos, con las púas, con el arco, con el e-bow...; amplificando. En este caso, la producción correspondiente de sonidos se caracteriza por una mayor variabilidad posible de operaciones y productos efectuados en comparación con las posibilidades al tocar, digamos, un oscilador como instrumento que tiene tres o cuatro potenciómetros y dos o tres interruptores. En este último caso, la mano solamente podrá girar un potenciómetro a la derecha o a la izquierda, lentamente o rápidamente y mover un interruptor a un lado o a otro. Siglos de uso, análisis y desarrollo de los instrumentos más tradicionales, han permitido realizar modificaciones en los mismos a lo largo del tiempo, según las conveniencias de la época.

Esta diferencia de correspondencia entre la cantidad de operaciones posibles y los sonidos o silencios obtenidos al tocar un instrumento tradicional y uno electrónico afecta también a la cualidad de la visualidad del performance. El guitarrista o la guitarrista tiende a ser más gestual, entre otras cosas, por el tipo y número de ejecuciones que realiza, en comparación con el que mueve un potenciómetro a un lado y a otro y activa o desactiva un interruptor, el cual llega, a veces, a alcanzar una imagen petrificada, similar a la de “escultura de calle”, aburrida para algunos. Dentro de estas categorizaciones hay por supuesto variaciones dependiendo del carácter del músico y su manera de tocar, así como la adopción de roles, más o menos establecidos y con un mayor o menor grado de expresividad según el estilo musical.

Perteneciente igualmente al carácter del instrumento electrónico es su velocidad fugaz de expresión. El instrumento electrónico tiende a producir un desenvolvimiento sonoro de manera acelerada. A producir un sensación de rapidez. Ser audiencia de un concierto de electronics puede conllevar el ser testigo auditivo de una intensidad sonora que se caracteriza, entre otras cosas, por una constancia sonora y una fugacidad y precipitación, desde el comienzo hasta el final de la pieza.

Esta naturaleza precipitada de la electrónica analógica ha tenido, y tiene, un protagonismo significativo en mi argumentación personal sobre el comportamiento de los instrumentos electrónicos, lo que repercute en la construcción y empleo de los mismos. Mi manera de contrarrestar este aceleramiento vertiginoso en el desenvolvimiento sonoro de la electrónica —en concreto de los osciladores que fabrico y toco— es a través de una concepción vertical, a parte del uso del silencio, que ralentiza el desenvolvimiento horizontal precipitado.

Es como escuchar en vertical, lo que implica de manera aproximada, concebir los sonidos sucediéndose verticalmente. Como tocar, y uso la expresión de Feldman, pensando en vertical. Concibiendo un espacio en el que cada sonido o grupo no se manifiesta uno tras otro en la linea temporal. Sino, literalmente, colocando un sonido sobre otro. A veces sobre un sonido, a veces sobre un silencio.

Esto no es más que una estrategia. Que, conceptual e importante, me permite la expresión del detalle, de la partícula, de lo pequeño; su amplificación —no necesariamente en amplitud o volumen; y su análisis en el desenvolvimiento relacional. Parar…continuar…poner encima…escuchar arriba…abajo…amplificar. Escuchar y situar. Relacionar.

Como estrategia, me posibilita disminuir la velocidad con la que los sonidos de los osciladores que construyo se manifiestan y suceden, y al mismo tiempo, analizarlos como elementos moldeables y modificables que pueblan un espacio. Como elementos plásticos. Es una manera de humanizar estas máquinas.

 

¹Feldman, M. (2012). Pensamientos verticales. Buenos Aires: Caja Negra Editora. p. 203